24.10.11

~ANTE UN CADAVER~

!Y bien! Aquí estás ya...sobre la plancha donde el gran horizonte de la ciencia
la extensión de sus limites ensancha.

Aquí donde la rígida experiencia
viene a dictar las leyes superiores
a que está sometida la existencia.

Aquí donde derrama sus fulgores
ese astro a cuya luz desaparece
la distinción de esclavos y señores.
Aquí donde la fábula enmudece
y la voz de los hechos se levanta
y la supertición se desvanece.

Aquí donde la ciencia se adelanta
a leer la solución de ese problema
cuyo solo enunciado nos espanta.
Élla que tiene la razón por lema
y que en tus labios escuchar ansía
la augusta voz de la verdad suprema.

Aquí estás ya...tras de la lucha impía
en que romper al cabo conseguiste
la cárcel que al dolor te retenía.
La luz de tus pupilas ya no existe,
tu máquina vital descansa inerte
y a cumplir con su objeto se resiste.

!Miseria y nada mas!, diran al verte
los que creen que el imperio de la vida
acaba donde empieza el de la muerte.
Y suponiendo tu misión cumplida
se acercarán a ti, y en su mirada
te mandarán la éterna despedida.

Pero no...tu misión no está acabada
que ni es la nada el punto en que nacemos
ni el punto que morimos es la nada.
Círculo es la existencia y mal hacemos
cuando al querer medirla le asignamos
la cuna y el sepulcro por extremos.

La madre es solo el molde en que tomamos
nuestra forma, la forma pasajera
con que la ingrata vida atravesamos.
Pero ni es esa forma la primera
que nuestro ser reviste, ni tampoco
será su última forma cuando muera.

Tú sin aliento ya, dentro de poco
volverás a la tierra y a su seno
que es de la vida universal el foco.
Y allí, a la vida en apariencia ajeno,
el poder de la lluvia y del verano
fecundará de gérmenes tu cieno.

Y al ascender de la raíz al grano,
vas del vegetál a ser testigo
en el laboratorio soberano.
En tanto que las grietas de tu fosa
verán alzarse de su fondo abierto
la larva convertida en mariposa.

Que en los ensayos de su vuelo incierto
irá al lecho infeliz de tus amores
a llevarle tus ósculos de muerto.
Y en medio de esos cambios interiores
tu craneo lleno de una nueva vida,
en vez de pensamientos dará flores.

En cuyo calíz brillará escondida
la lágrima, tal vez, con que tu amada
acompañó el adios de tu partida.
La tumba es el final de la jornada,
porque en la tumba es donde queda muerta
la llama en nuestro espiritu encerrada.

Pero en esa mansión a cuya puerta
se extingue nuestro aliento, hay otro aliento
que de nuevo a la vida nos despierta.
Allí acaban la fuerza y el talento,
allí acaban los goces y los males,
allí acaban la fé y el sentmiento.

Allí acaban los lazos terrenales,
y mezclados el sabio y el idiota
se hunden en la región de los íguales.
Pero allí donde el ánimo se agota
y perece la máquina, allí mismo
el ser que muere es otro ser que brota.

El poderoso y fecundante abismo
del antiguo organismo se apodera
y forma y hace de el otro organismo.
Abandona a la historia justiciera
un nombre sin cuidarse, indiferente
de que ese nombre se eternice o muera.

El recoge la masa unicamente,
y cambiando la forma y el objeto
se encarga de que viva eternamente.
La tumba sólo queda un esqueleto,
más la vida en su bóveda mortuoria
prosigue alimentandose en secreto.

Que al fín de está existencia transitoria
a la que tanto nuestro afan se adhiere,
la materia, ímortal como la gloria,
cambia de formas, pero nunca muere.

MANUEL ACUÑA

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